Rituales de autocuidado: volver a ti también puede ser sencillo

 




Cuando escuchamos la palabra ritual, quizá imaginamos velas, cristales, incienso, baños de hierbas o algún espacio perfectamente preparado.

Y sí, todo eso puede formar parte de un ritual pero no es necesario.

Un ritual de autocuidado no necesita ser complicado, costoso ni tener nada de extraordinario.

Puede ser una taza de café tomada sin mirar el teléfono, una ducha consciente.

Abrir la ventana por la mañana y respirar profundamente.

Escribir durante cinco minutos lo que llevas todo el día pensando.

Apagar las luces y regalarte unos minutos de silencio.

Porque un ritual, en realidad, no es tanto lo que haces como la intención con la que lo haces.

Es decirte:

“Durante estos minutos, también voy a ocuparme de mí.”

Y eso, en medio de la vida cotidiana, puede ser mucho más importante de lo que parece.

No necesitas esperar a estar agotada

Muchas veces pensamos en cuidarnos cuando ya no podemos más, cuando estamos saturados, llevamos días durmiendo mal, todo nos molesta, cuando sentimos que necesitamos desaparecer unas horas.

Pero el autocuidado no debería aparecer solamente cuando estamos al límite también podemos utilizar pequeños rituales para acompañarnos antes de llegar ahí.

No se trata de añadir otra obligación a nuestra lista, todo lo contrario.

Se trata de encontrar pequeños momentos dentro de lo que ya hacemos.

Ritual de la mañana: empezar sin correr

No necesitas levantarte a las cinco de la mañana para hacer una rutina espiritual.

Cuando te despiertes, antes de mirar el teléfono, quédate un minuto en silencio.

Respira, observa cómo estás y pregúntate:

“¿Cómo quiero sentirme hoy?”

No tienes que responder con una palabra bonita.

Quizá sea tranquila, fuerte, quizá simplemente capaz de llegar al final del día.

Después prepara tu café, tu té o tu desayuno y tómalo sin hacer otra cosa durante unos minutos.

Parece insignificante pero empezar el día sin entregarle inmediatamente nuestra atención al teléfono ya es una forma de autocuidado.

Ritual de limpieza emocional

No hace falta hacer una limpieza energética complicada puedes comenzar por algo tan sencillo como ordenar un pequeño espacio de tu casa.

Una mesa, tu mesita de noche, un cajón.

Abre una ventana, deja entrar aire, mientras ordenas, puedes imaginar que también estás haciendo espacio dentro de ti.

Y cuando termines, quédate unos segundos observando ese lugar.

Puedes decir mentalmente:

“Hago espacio para lo nuevo y dejo ir lo que ya no necesito.”

No importa si lo consideras espiritual o simplemente simbólico.

Lo importante es que ese pequeño acto tenga un significado para ti.

Ritual para cuando tienes la cabeza llena

Busca una hoja de papel no necesitas un diario bonito,cualquier papel sirve.

Durante cinco minutos escribe todo aquello que tengas en la cabeza.

Sin ordenar, sin corregir, sin intentar escribir bonito. Simplemente sácalo.

Puedes terminar haciendo tres preguntas:

¿Qué estoy sintiendo?

¿Qué necesito?

¿Qué puedo hacer hoy por mí?

Y aquí hay algo importante:

La respuesta no tiene que ser enorme, quizá necesitas descansar llamar a alguien, decir que no, salir a caminar, llorar, comer algo, dormir, pedir ayuda o simplemente dejar de exigirte tanto durante unas horas.

Ritual de la ducha consciente

La ducha también puede convertirse en un pequeño ritual.

Cuando entres, intenta no pensar en todo lo que tienes que hacer después, siente el agua sobre tu cuerpo.

Observa la temperatura, el olor del jabón, la sensación del agua en las manos.

Respira y mientras el agua cae, imagina que por unos minutos estás dejando ir la tensión acumulada durante el día.

No necesitas hacer nada más, solo estar ahí.

A veces cinco minutos de presencia pueden convertirse en un verdadero descanso.

Ritual para cerrar el día

Antes de dormir, apaga las luces fuertes y deja el teléfono a un lado durante unos minutos.

Puedes preparar una infusión, encender una vela si tienes una o simplemente sentarte tranquilamente.

Después piensa en tres cosas:

Algo que agradezco.

Algo que hoy me pesó.

Algo que decido dejar para mañana.

Esta última puede ser especialmente importante porque no todo tiene que resolverse antes de acostarnos.

Hay problemas que pueden esperar hasta mañana y permitirnos decir “por hoy es suficiente” también es autocuidado.

Un ritual no tiene que ser perfecto

Quizá un día haces tu ritual durante veinte minutos, otro día solo tienes tres y otro día no haces ninguno.

No pasa nada.

El autocuidado no debería convertirse en otra forma de exigencia.

No necesitas tener una rutina perfecta ni levantarte temprano todos los días.

No necesitas meditar o comprar productos especiales.

No necesitas tener una habitación llena de velas y cristales.

Puedes utilizar lo que ya tienes.

Una taza, una hoja de papel, la ducha, una ventana, una canción, una manta.

Ir a caminar, tus propias manos,tu respiración, tu tiempo.

Incluso cinco minutos pueden ser suficientes para recordarte algo que fácilmente olvidamos:

tú también formas parte de tus prioridades.

Un pequeño ritual para empezar hoy

Si quieres probarlo ahora mismo, haz algo muy sencillo.

Busca un lugar donde puedas estar tranquila durante cinco minutos.

Deja el teléfono lejos.

Pon una canción que te guste o quédate en silencio.

Prepara una bebida caliente, si tienes una vela, puedes encenderla. Si no tienes, no necesitas una.

Cierra los ojos unos instantes y respira tranquilamente.

Después pregúntate:

“¿Qué necesito de mí en este momento?”

No busques una respuesta perfecta.

Escucha.

Y cuando termines, haz una cosa pequeña que responda a esa necesidad.

Si estás cansada, descansa, si necesitas movimiento, camina.

Si necesitas expresar algo, escríbelo, si necesitas compañía, busca a alguien.

Si necesitas silencio, regálatelo, eso también es un ritual.

Porque cuidarte no siempre significa hacer más.

A veces significa detenerte lo suficiente para escuchar qué necesitas.

Y quizá ese sea uno de los rituales más importantes que podemos aprender.

Volver a nosotros una y otra vez, sin complicarlo, sin hacerlo perfecto.

Simplemente estando presentes.

¿Qué pequeño ritual de autocuidado podrías regalarte hoy, aunque solo tengas cinco minutos?

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