Cuando sanar deja de ser camino… y se convierte en exigencia
Seamos sinceros por un momento: ¿No sientes que a veces la sanación se vuelve una carga pesada? Sana a mamá, sana a papá, limpia el linaje, sana al niño interior, libera el karma, biodescodifica el síntoma... Si te descuidas, te pasas la vida en el quirófano del alma, siempre abierto, siempre “en reparación”. Y yo, que camino este sendero como terapeuta y como mujer, hoy te confieso: yo también me he cansado. 1. La trampa del “Estar Roto” Hemos caído en la creencia de que para ser felices, para tener éxito o para amar, primero debemos estar “completamente sanos”. Pero la sanación no es un destino al que se llega para luego empezar a vivir. La vida es lo que ocurre mientras integras tus luces y tus sombras. Si esperamos a no tener ninguna herida para disfrutar, no disfrutaremos nunca. 2. Sanar no es “Borrar” A veces pensamos que sanar a papá o mamá significa que ya no nos dolerá nada de lo que pasó. Sanar no es amnesia. Sanar es que, aunque la cicatriz esté ahí, ya no te impi...