Por qué te cuesta poner límites (y cómo dejar de sentirte culpable al hacerlo).
Poner límites debería ser algo natural pero para muchas personas no lo es. Decir “no”, priorizarte o marcar una distancia puede generar incomodidad, miedo e incluso culpa. Y lo más curioso es que, aunque sabes que lo necesitas, algo dentro de ti te frena. ¿Por qué nos cuesta poner límites? La dificultad para poner límites no es debilidad, es aprendizaje emocional. Puede venir de: Haber aprendido a complacer para sentirte querido/a. Miedo al rechazo o al abandono. Creer que priorizarte es egoísmo. Sentirte responsable de las emociones de otros. No haber visto límites sanos en tu entorno. Con el tiempo, te acostumbras a adaptarte aunque eso signifique dejarte de lado. ¿Y por qué aparece la culpa? Cuando empiezas a poner límites, tu mente interpreta que estás haciendo algo “incorrecto”. Pero en realidad no es culpa, es desaprender un patrón, tu sistema emocional estaba acostumbrado a: Ceder. Aguantar. Priorizar a otros. Y ahora estás haciendo algo diferente por eso incomoda. Anclaje...