Cuando ya no eres la misma persona

 



Hay momentos en la vida en los que miramos hacia atrás y nos cuesta reconocer a la persona que fuimos.

No porque queramos renegar de ella, ni porque todo lo que vivimos haya sido un error.

Sino porque algo dentro de nosotros cambió, y a veces ese cambio no ocurre de manera bonita.

A veces llega después de una pérdida, de una decepción, una ruptura, una etapa que nos obligó a sobrevivir cuando todavía no sabíamos cómo hacerlo.

Hay versiones de nosotros que nacieron para atravesar determinados momentos:

  • La que aguantó.
  • La que calló.
  • La que intentó entenderlo todo.
  • La que dio oportunidades una y otra vez.
  • La que se acostumbró a poner a los demás por delante.
  • La que sonreía aunque por dentro estuviera agotada.

Y un día, casi sin darnos cuenta, esa versión empieza a quedarse pequeña.

Ya no podemos seguir haciendo las cosas de la misma manera, no queremos determinadas conversaciones, no nos interesa demostrar quiénes somos, ni sentimos la necesidad de quedarnos donde antes nos quedábamos y eso puede asustar.

Porque cambiar también significa despedirse de partes de nosotros mismos incluso de aquellas que durante mucho tiempo creímos que eran nuestra identidad.

Pero crecer no siempre significa convertirnos en alguien completamente diferente, a veces significa volver a nosotros, a la persona que estaba debajo de todas las expectativas, de los miedos, de las heridas y de todo aquello que aprendimos para poder encajar.

Quizás por eso algunas personas llegan a nuestra vida y ya no nos reconocen y quizás tampoco nosotros nos reconocemos del todo.

Porque estamos aprendiendo a vivir desde un lugar diferente, más consciente, más tranquilo, más nuestro.

Y entonces aparece una pregunta:

¿Quién soy ahora?

Quizás no tengas que responderla todavía.

Tal vez estés precisamente en ese proceso, no necesitas tener claro quién eres después de haber dejado atrás quién eras.

Puedes permitirte estar en medio en ese espacio extraño en el que todavía estás soltando cosas, pero ya no quieres volver atrás.

Ese lugar también es parte del camino y si hoy sientes que ya no eres la persona que eras hace unos años, no necesariamente significa que te hayas perdido tal vez significa que te estás encontrando.

Porque hay versiones de nosotros que no mueren porque hayan fracasado, mueren porque ya cumplieron su propósito.

Y entonces llega el momento de agradecerles por habernos protegido por habernos ayudado a sobrevivir por haber hecho lo que pudieron con las herramientas que tenían.

Y después…

dejarlas ir, sin culpa, sin nostalgia obligatoria, sin tener que volver a ser quienes fuimos para demostrarle nada a nadie.

La vida no te está pidiendo que vuelvas a ser la de antes, te está invitando, por fin, a descubrir quién eres ahora.

¿Quién estás descubriendo que eres después de todo lo que has vivido?

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