¨El Amor Propio como medicina diaria¨
El amor propio no es bonito pero te cambia la vida.
A veces, la vida nos pide hacer una pausa, no para detenernos, sino para volver a nosotros.
Después de un tiempo en silencio en este espacio, hoy regreso.
No desde la exigencia de “retomar”, sino desde un lugar más honesto, más vivido.
Regreso con una certeza que se ha ido fortaleciendo en mi propio camino y en mi práctica como terapeuta:
¨El amor propio no es un destino, es una decisión diaria¨.
Desde la espiritualidad, amarse a uno mismo es uno de los actos más profundos que podemos hacer.
Es honrar el cuerpo que habitamos y la historia que cargamos.
Pero en el día a día, el amor propio no siempre se siente elevado ni bonito.
A veces se siente incómodo, duele y confronta.
Por eso hoy quiero invitarte a mirarlo de otra forma:
No como una meta, sino como una práctica.
No se trata de estar “sanados” o ser “perfectos” para valorarnos, sino de aprender a sostenernos incluso en nuestros días más grises.
En esta nueva etapa del blog, quiero aterrizar la espiritualidad a lo real.
A lo que vivimos todos los días, a lo que sentimos y muchas veces no sabemos cómo gestionar.
Hablar de cómo sanar pero también de lo que cuesta.
De cómo sostenernos emocionalmente y de cómo poco a poco volvemos a nosotros, porque sanar no es solo entender es integrar.
Nos han enseñado que el amor propio es mirarnos al espejo y sentirnos radiantes.
Pero la realidad es otra.
Hay días en los que no me siento “guapa”. Y está bien.
En esos días, mi práctica no es obligarme a verme diferente es cambiar el enfoque.
Si hoy no me siento bonita, elijo sentirme fuerte.
Si no me siento brillante, elijo reconocerme resiliente.
Si no me siento bien, al menos me elijo.
El amor propio, de verdad, es esto:
- Dejar de exigirnos una sola forma de estar bien.
- Empezar a reconocernos en todas nuestras versiones.
Porque nuestra valía no depende de cómo nos vemos sino de todo lo que somos capaces de sostener.
Hay días en los que el espejo pesa y la mente empieza a compararse.
Para esos momentos, quiero dejarte algo sencillo, pero muy poderoso:
El anclaje de las 3 fortalezas
- Vuelve al cuerpo
Busca algo que te conecte con lo real: una planta, caminar descalzo, tu respiración.
Sal del ruido mental y vuelve a ti.
2. Respira y obsérvate
Cierra los ojos y pregúntate:
Si mi valor no dependiera de mi imagen ¿qué hay en mí que hoy me sostiene?
3. Nombra tus fortalezas
Elige tres cosas que nadie te puede quitar.
Por ejemplo:
“Hoy no me siento bien conmigo pero reconozco mi fortaleza, mi inteligencia y mi capacidad de sostener.”
Intégralo en tu cuerpo.
Puedes beber un vaso de agua conscientemente o simplemente respirar sintiendo cómo esas cualidades viven en ti.
Tip terapéutico:
Si puedes, escríbelas, no perfecto, solo real. Ese es tu recordatorio del día.
El amor propio no siempre se ve bonito pero es de las cosas más honestas que podemos construir.
Y si hoy no puedes con todo, al menos no te sueltes.
Y tú, en esos días donde no te sientes bien contigo, ¿en qué parte de ti eliges apoyarte?

Comentarios
Publicar un comentario