Mindfulness: aprender a estar donde estás
Vivimos gran parte del día en un lugar que no existe, estamos aquí, pero pensando en lo que ocurrió ayer, estamos trabajando, pero imaginando lo que tendremos que hacer mañana.
Estamos cenando, pero contestando mensajes, estamos hablando con alguien, pero pensando en otra cosa y muchas veces llegamos al final del día sin recordar realmente haberlo vivido.
No porque no hayan pasado cosas sino porque nuestra mente estaba en todas partes menos en el momento que teníamos delante.
Ahí es donde puede ayudarnos el mindfulness.
Aunque la palabra pueda sonar complicada, la idea es bastante sencilla:
aprender a prestar atención a lo que estamos viviendo mientras lo estamos viviendo.
No significa dejar la mente en blanco, ni significa estar tranquilos todo el tiempo.
No significa meditar durante una hora, significa estar un poco más presentes.
Y podemos empezar con cosas que ya hacemos todos los días.
El desayuno puede ser tu primera práctica
Piensa en cómo desayunas normalmente.
Preparas el café mientras miras el teléfono, comes mientras revisas mensajes y cuando terminas, ni siquiera recuerdas el sabor de lo que has tomado.
Mañana prueba algo diferente.
Durante los primeros minutos, deja el teléfono a un lado.
Mira tu desayuno, observa los colores, huele el café o el té, siente la temperatura de la taza en tus manos, prueba el primer bocado lentamente y cuando tu mente se vaya a lo que tienes que hacer después —porque seguramente se irá— vuelve al desayuno.
Eso es mindfulness.
No necesitas hacer nada extraordinario solo estar ahí.
Mientras te duchas
La ducha es uno de esos momentos que hacemos prácticamente en automático.
Entras, te duchas, piensas en el trabajo, en la compra, en una conversación, en lo que tienes pendiente y sales.
La próxima vez, intenta prestar atención a la experiencia.
Siente el agua sobre la piel, observa su temperatura, escucha cómo cae, percibe el olor del jabón, siente tus pies apoyados en el suelo y durante esos minutos, intenta no resolver ningún problema. Solo dúchate.
Puede parecer una tontería, pero precisamente ahí está la práctica.
Estar haciendo lo que estás haciendo.
Cuando caminas
No necesitas salir a hacer una caminata espiritual por el bosque.
Puedes practicar mientras vas al trabajo, al supermercado o mientras paseas al perro.
Durante unos minutos, deja el teléfono en el bolsillo, observa lo que tienes alrededor, los sonidos, las personas, los árboles, los edificios, el movimiento de tus piernas, la sensación de tus pies tocando el suelo, el aire sobre tu piel y cuando tu mente empiece a pensar en otra cosa, vuelve a caminar.
No tienes que luchar contra los pensamientos.
Simplemente vuelves.
Mientras haces las tareas de casa
Aquí tenemos una oportunidad enorme.
Lavar los platos, doblar ropa, barrer, cocinar, ordenar.
Son actividades que normalmente queremos terminar cuanto antes, pero prueba a hacer una de ellas prestando atención.
Cuando laves los platos, siente el agua en las manos, observa la textura de la esponja, escucha el sonido del agua, nota el movimiento de tus manos.
Cuando cocines, observa los colores y olores de los ingredientes.
Cuando dobles la ropa, siente las diferentes texturas.
No estás intentando convertir las tareas domésticas en algo maravilloso, simplemente estás practicando estar presente mientras las haces.
Cuando estás conversando con alguien
Esta quizá sea una de las prácticas más importantes.
¿Cuántas veces alguien nos está contando algo y nosotros estamos pensando en lo que vamos a responder?
O estamos mirando el teléfono, o preparando mentalmente nuestra propia historia.
La próxima vez que alguien que te importa te hable, intenta escuchar de verdad.
Mira a la persona, deja el teléfono, escucha sus palabras, observa su tono.
No prepares inmediatamente una respuesta.
Y cuando termine, responde.
Eso también es mindfulness.
Y puede cambiar muchísimo la calidad de nuestras relaciones porque a veces uno de los regalos más grandes que podemos hacerle a otra persona es simplemente estar presentes mientras nos habla.
Cuando estás trabajando
Mindfulness tampoco significa trabajar lentamente puedes utilizarlo para hacer una cosa cada vez.
Si estás escribiendo un correo, escribe el correo.
Si estás leyendo, lee.
Si estás hablando por teléfono, escucha la conversación.
Si estás preparando un informe, intenta estar en esa tarea durante unos minutos sin saltar constantemente a otra.
Y cuando aparezca la necesidad de mirar el teléfono, abrir otra pestaña o comprobar algo que no necesitas comprobar en ese momento, observa ese impulso.
No tienes que obedecerlo inmediatamente.
Puedes terminar lo que estás haciendo y después decidir.
Cuando aparece una emoción difícil
Aquí el mindfulness puede ser especialmente interesante.
Porque muchas veces, cuando sentimos tristeza, enfado, miedo o ansiedad, nuestra primera reacción es intentar escapar de esa emoción.
Distraernos, negarla, comer, trabajar, mirar el teléfono, acer cualquier cosa para no sentirla.
El mindfulness nos propone algo diferente:
observar lo que está ocurriendo sin juzgarlo inmediatamente.
Puedes preguntarte:
¿Qué estoy sintiendo?
¿Dónde lo noto en mi cuerpo?
¿Mi pecho está tenso?
¿Tengo un nudo en el estómago?
¿Estoy apretando la mandíbula?
¿Tengo ganas de llorar?
No necesitas solucionar la emoción en ese instante solo reconocer que está ahí.
Y recordar que sentir algo no significa que tengas que actuar inmediatamente desde esa emoción.
Una práctica de un minuto
Si quieres probarlo ahora mismo, no necesitas levantarte.
Mira a tu alrededor.
Nombra mentalmente:
3 cosas que ves.
2 cosas que escuchas.
1 sensación que notes en tu cuerpo.
Después observa durante unos segundos tu respiración y vuelve a lo que estabas haciendo.
No has necesitado cerrar los ojos, no has necesitado sentarte en silencio, no has necesitado comprar absolutamente nada.
Has utilizado un minuto de tu vida para estar realmente en ella.
El error de querer hacerlo perfecto
Hay algo que conviene recordar.
Tu mente se va a ir muchísimas veces, mientras desayunas, caminas, mientras escuchas a alguien, lees, mientras haces el ejercicio.
Y eso no significa que lo estés haciendo mal.
Darte cuenta de que te has distraído ya forma parte de la práctica.
Lo importante no es no distraerse, es volver, una y otra vez.
Sin enfadarte contigo, sin pensar:
“No sirvo para esto.”
Simplemente:
“Me fui. Vuelvo.”
Y continúas.
Mindfulness no es escapar de la vida
Quizá esta sea la parte más importante.
Practicar mindfulness no significa vivir permanentemente en calma.
No significa que dejes de tener problemas, que nunca vuelvas a enfadarte, no significa que tengas que convertirte en una persona zen.
La vida seguirá teniendo días maravillosos y días horribles.
Seguirán existiendo discusiones, preocupaciones, pérdidas, prisas, obligaciones y momentos en los que quieras mandarlo todo al carajo.
El mindfulness no cambia necesariamente lo que ocurre fuera.
Puede ayudarnos a darnos cuenta de cómo estamos viviendo lo que ocurre.
Y esa diferencia puede ser enorme porque quizá no puedas elegir lo que sucede pero sí puedes empezar a elegir dónde colocas tu atención.
Empieza por una sola cosa
No intentes practicar mindfulness durante todo el día.
Elige una actividad que hagas habitualmente.
Tu café, tu ducha, el paseo, la comida, los primeros diez minutos de trabajo, lavar los platos, una conversación. Durante unos minutos, intenta estar completamente ahí.
Cuando tu mente se vaya, vuelve, eso es todo.
Después de unos días, quizá descubras que empiezas a notar más cosas.
El sabor de tu café, el camino que recorres todos los días, la expresión de alguien mientras te habla, el cansancio que estabas ignorando, la tensión que llevabas en los hombros, la emoción que estabas intentando esconder.
Y quizá descubras algo muy sencillo:
la vida no siempre necesita que hagamos más.
A veces necesita que estemos un poco más presentes para poder verla.
Porque este momento, exactamente este que estás viviendo ahora mismo, no volverá.
Y quizá el verdadero regalo del mindfulness sea precisamente ese:
dejar de pasar por nuestra propia vida con tanta prisa.
¿Qué momento cotidiano vas a elegir para empezar a estar un poco más presente?
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