Cuando la tierra se mueve, también se mueve todo por dentro
He estado ausente durante estas dos semanas y hoy quiero contaros por qué.
El 10 de agosto, a las 7:34 de la mañana, Colombia vivió un terremoto que nos sacudió mucho más allá de lo físico, yo vivo en una de las ciudades mas afectadas, mi querida Pereira.
Yo estaba sola en casa cuando comenzó, sonó la alerta sísmica y, en cuestión de segundos, todo cambió.
El ruido, el movimiento, las cosas cayendo, los gritos, la sensación de que la casa podía no resistir.
Y ese pensamiento que aparece cuando el miedo es tan grande que no da tiempo a racionalizar nada:
“¿este es el fin?”
En esos momentos no piensas con claridad, reaccionas.
Buscas a tus seres queridos, la angustia, el miedo, intentas protegerte y entender qué está pasando.
Y cuando finalmente el movimiento termina, descubres algo que quizá nadie te explica: el terremoto puede haber terminado, pero tu cuerpo todavía no lo sabe.
Después vino la preocupación porque no sabía nada de mis hijos, la falta de comunicación,todo estaba caído, no había señal de internet y eso dificultó el averiguar que los míos estaban bien...
Y aunque físicamente todo parecía volver poco a poco a la "normalidad", por dentro yo seguía en alerta.
Cualquier ruido podía hacerme reaccionar, cualquier pequeño movimiento podía hacerme pensar que estaba temblando otra vez, mi cerebro seguía buscando señales de peligro.
Durante estos días entendí que necesitaba parar.
Por eso desaparecí un poco del blog, de las publicaciones y de mi actividad habitual.
No porque no tuviera nada que decir sino porque yo también necesitaba procesar lo que había vivido.
Cuando el cuerpo sigue en alerta
Después de experimentar una situación que nuestro cerebro percibe como una amenaza real, es normal que durante un tiempo podamos sentirnos diferentes:
- Estar más sensibles, nerviosos o irritables.
- Sobresaltarnos con facilidad, tener dificultades para dormir.
- Sentir tensión en el cuerpo.
- Estar pendientes constantemente de cualquier ruido o movimiento.
- Tener pensamientos repetitivos sobre lo ocurrido.
- Incluso podemos sentir que estamos perfectamente durante un rato y, de repente, volver a sentir miedo.
No significa que estemos “exagerando” nuestro sistema nervioso está intentando protegernos.
Después de una experiencia intensa, puede quedarse temporalmente en modo alerta, como si necesitara asegurarse de que el peligro realmente ha terminado.
Y por eso es tan importante darle señales de seguridad.
¿Qué podemos hacer cuando estamos en shock o muy alterados?
No tenemos que solucionar todo de golpe.
Podemos empezar por cosas muy sencillas.
1. Volver al presente
Mira a tu alrededor y reconoce dónde estás.
Puedes decir lentamente:
“Estoy aquí. Ahora mismo estoy a salvo. Esto ya pasó.”
Después observa cinco cosas que puedas ver, cuatro que puedas tocar, tres que puedas escuchar, dos que puedas oler y una que puedas saborear.
Esto ayuda a llevar la atención del recuerdo hacia el momento presente.
2. Respirar más lento
Cuando estamos asustados, nuestra respiración suele acelerarse.
Prueba a inhalar suavemente por la nariz y hacer una exhalación un poco más larga.
No necesitas respirar profundamente ni forzarte.
Solo necesitas recordarle poco a poco a tu cuerpo:
“Puedes bajar la guardia un poquito.”
3. Sentir el cuerpo
Apoya los pies firmemente en el suelo, siente la silla debajo de ti, aprieta suavemente las manos y después suéltalas.
Mueve los hombros y estira el cuello.
A veces necesitamos ayudar al cuerpo a liberar parte de la tensión que acumuló durante el momento de peligro.
4. Hablar
No tienes que contar lo ocurrido a todo el mundo.
Pero sí puede ser importante poder hablar con alguien con quien te sientas seguro.
Contar lo que vivimos, llorar, expresar miedo o simplemente decir:
“Esto me afectó mucho.”
También es una forma de comenzar a procesarlo.
5. Volver poco a poco a las rutinas
Comer, dormir, ducharnos, salir a caminar, ordenar un poco la casa, tomar el sol, escuchar música...
Parece sencillo, pero las pequeñas rutinas ayudan a que el cerebro vuelva a reconocer cierta sensación de normalidad.
6. No vivir permanentemente pendiente de las noticias
Después de una situación así podemos sentir la necesidad de mirar constantemente las noticias, vídeos, redes sociales o información sobre nuevos movimientos.
Es comprensible.
Pero si permanecemos todo el día expuestos a imágenes y noticias sobre el desastre, nuestro cerebro puede seguir recibiendo señales de peligro.
Informarnos es importante. Vivir dentro de la noticia, no.
7. Darnos permiso para no estar bien todavía
Esta quizá sea la más importante.
No tenemos que demostrar que somos fuertes, no tenemos que decir “ya pasó” y obligarnos a continuar como si nada.
A veces sanar empieza simplemente por reconocer:
“Sí, me asusté.”
“Sí, esto me afectó.”
“Necesito tiempo.”
Y está bien.
Y después de la tormenta, también necesitamos escucharnos
Desde mi experiencia como terapeuta holística, creo profundamente en el poder de crear espacios donde podamos detenernos, respirar, expresar lo que sentimos y volver a conectar con nuestro cuerpo.
El Reiki, la respiración consciente, la relajación, la escucha y otras herramientas pueden ser un acompañamiento bonito para atravesar momentos de estrés y volver poco a poco al equilibrio.
Pero también quiero decir algo importante:
Estas herramientas no sustituyen la atención psicológica o médica cuando esta es necesaria.
Pedir ayuda no significa que seamos débiles significa que estamos cuidándonos.
Y si después de una experiencia traumática el miedo, la angustia, las dificultades para dormir, los recuerdos o la sensación de estar permanentemente en peligro continúan o interfieren con nuestra vida cotidiana, buscar acompañamiento profesional puede ser una parte muy importante del proceso.
Hoy vuelvo
Hoy vuelvo al blog después de estas dos semanas.
Y quizá necesitaba hacerlo así. No desde la obligación de publicar sino desde la necesidad de compartir algo que yo misma estoy aprendiendo.
El terremoto me recordó algo que muchas veces olvidamos:
nuestro cuerpo escucha todo.
Y también necesita tiempo para comprender que después del peligro puede volver la calma.
Todavía estoy procesando lo ocurrido, pero estoy aquí y quizá eso también sea una forma de volver a empezar.
A todas las personas que vivieron estos días con miedo, a quienes estuvieron solas, a los que lo perdieron todo, a quienes buscaron desesperadamente a sus familiares, a quienes no pudieron dormir, a quienes todavía sienten cada pequeño movimiento...
Los abrazo.
No tenemos que volver a ser quienes éramos antes de aquel momento de un día para otro.
Podemos volver poco a poco, respiración a respiración, día a día.
Y recordándole a nuestro cuerpo:
“Ya pasó, estoy aquí, estoy a salvo, puedo volver a sentirme en paz.”
Con amor,
Astrid
Diario Ángeles de hoy
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